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Cajas-ambiente: participación más allá de la pintura

ambiente_juangomila
Autor: Emma Brasó

Cuando en 1973 se expuso por primera vez en Madrid la emblemática obra de Juan Gomila, Cajas-ambiente, España empezaba a abrirse tímidamente a las corrientes artísticas internacionales. Aunque el informalismo de Tàpies y el grupo El Paso había supuesto el inicio de la modernidad pictórica, fue la generación contemporánea a Gomila la que comenzó a introducir el Pop y los movimientos figurativos de raigambre europea, que aquí fueron transformados en una versión crítica de la situación sociopolítica.

Con todo, la aparición en un contexto aún franquista y de relativo aislamiento de un trabajo como el de Gomila, cuyos planteamientos acerca de la relación obra/público se encontraban, como veremos más adelante, más cercanos a las propuestas estadounidenses de los años sesenta, debió causar, si no asombro, al menos una notable impresión de novedad. Más de tres décadas después de que Cajas-ambiente se presentara ante el público madrileño (en 1973 y de nuevo en el 75), en la Bienal de

Alejandría de 1974 (donde, como es bien conocido, Gomila ganó el Primer Premio de Pintura) y en la Bienal de Sao Paulo de 1977, quizá sea ahora un buen momento para recuperar este significativo trabajo –muchos de cuyos elementos aún se encuentran custodiados en el estudio del pintor– y volver a analizarlo a la luz de lo conocido desde entonces.

En el pequeño catálogo que acompañó a la exposición de 1973 en la Sala Club Pueblo de Madrid, el crítico Santos Amestoy escribía: “¿Qué es esta singular obra de Juan Gomila? Es un mixed-media, una mixtura de medios, una mezcolanza de elementos merced a la cual se amplía el campo significativo, y, en consecuencia, el campo de la percepción.”1 Pero, ¿en qué consistía exactamente esta combinación de pintura, escultura y ambiente que debía ayudar a intensificar la experiencia del visitante? Lo que las fotos en blanco y negro de la época nos muestran es un espacio cuadrado de unos 40 x 40 metros formado por un suelo de grandes tablas negras de madera que aparecen atravesadas por marcas blancas de difícil clasificación (rayas, flechas, formas curvas y perfiles humanoides). Sobre este pavimento reticular, se ubican cuatro cajas compuestas cada una por cuatro paneles independientes de más de un metro