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La humanidad aparente de Juan Gomila

La humanidad aparente de Juan Gomila

Articulo:  JOSÉ A. SAMANIEGO - Nueva España

La exposición de Juan Gomila en el Museo Barjola tiene dos partes diferenciadas. En el primer piso se muestran 25 obras seleccionadas entre su producción de los últimos 35 años. Y en la capilla de la Trinidad el autor expresa una impresión final. Hay que empezar por el primer piso. O si se quiere, dar un vistazo a la capilla, porque allí te llevan los pies antes de subir escaleras, y volver de nuevo a ella desde el balconcillo del primer coro tras visitar la planta primera. Y antes de trasponer el umbral del museo sería conveniente conocer un poco del llamado arte pop, para ver en Gomila cierta continuidad de técnicas y utilidades, como la abundancia del color plano, el uso de la fotografía y la relación del arte pop con el mundo de la publicidad y el cómic. Otra técnica del arte pop, la repetición de figuras con distintos tratamientos, a la manera de Andy Warhol, se convierte en Gomila en el empleo de plantillas de cartón con siluetas humanas utilizadas en diversos contextos.

Vamos a distinguir cuatro momentos en la obra creativa de Juan Gomila Barrés (Barcelona, 1942). Su primer gran éxito, tras las huellas del arte pop inglés y americano, fue la creación de las llamadas «cajas-ambiente», que eran espacios pintados de suelo a techo, espacios pintados más allá de la pintura, más allá del marco que encierra un lienzo. «Pintura expandida» donde se reflejaban en un espacio cerrado un conjunto de símbolos, colores, códigos y mensajes, aparentemente producidos en el flujo de la urbe de consumo, pero configurados por el propio artista. De esta manera Juan Gomila proponía que el hombre contemporáneo, esencialmente urbanita, vivía inmerso en un flujo mediático continuo que podía destruir su personalidad, avasallar su libertad. Y que la solución podía consistir en crear cada uno sus propios códigos. Por estas cajas-ambiente recibió el primer premio de la X Bienal de Alejandría (1974) y de la XIV Bienal Internacional de São Paulo (1977).

Juan GomilaAl final de esta etapa, Gomila se toma un momento de transición o descanso. Y pinta 33 retratos de hombres ilustres de la España de la época, cuya lista llama hoy a cierta melancolía, dada la velocidad a que vivimos. Citemos algunos: los Reyes, Antoñete, Javier Solana, Ferrer Salat, Lalo Azcona, Adolfo Suárez, Bibí Andersen, Jesús López Cobos, Manuel Fraga, Francisco Umbral, Miguel Ríos, José Sáenz de Santamaría, Senillosa, Antonio Garrigues Walker, Luis García Berlanga, Francisco Fernández Ordóñez? Ninguno de estos retratos ha sido seleccionado como obra representativa del pintor para esta muestra del Barjola.

En su tercera etapa, la de los finales de los 80 y los 90, Juan Gomila llega a una cierta desolación. Ya no es posible navegar en medio de las aguas cruzadas de los flujos mediáticos. El ser humano, el urbanita de la sociedad de consumo, es ya una clara víctima de la publicidad y los códigos mediáticos. Su libertad de elegir modelos y vestidos a la vez que diferentes modos de vida, la permanente confusión entre sexo y publicidad, la domesticación de sus sentimientos y deseos, lleva a la desaparición del espíritu crítico, a la disolución de su personalidad. El urbanita se convierte en un clon de los modelos de pensamiento, moda, estilo de vida que dicta la publicidad. Ha perdido su libertad y su conciencia personal. Está del todo alienado, pero contento de vivir en un mundo de colores. Los flujos mediáticos le atraviesan y destruyen. Ya no distingue entre lo real y lo virtual, carece de voluntad para enfrentarse a su entorno.

En las últimas obras de Juan Gomila renace cierta esperanza. Las siluetas adquieren mayor consistencia y aplomo, la razón quiere volver por sus fueros, como en la obra que el museo ha reproducido en postal. Y en la capilla, en ese espacio recogido y propenso a la meditación y el encuentro, ha planteado Juan Gomila un friso de la humanidad. Puede compararse a la impresión que sentimos al ver las figuras que pueblan el techo de la Sixtina. En la pared-retablo se expresa el movimiento de balanza, de elevación y hundimiento, que distingue al «Juicio Final» de Miguel Ángel.

Un último apunte. Juan Gomila está muy ligado a Gijón. Aquí vivió 18 años de infancia y juventud. En Asturias se conoce y potencia su obra. A ello contribuye la exposición actual, con un catálogo de gran interés, que lleva un estudio de Emma Brasó y una larga conversación con el artista por parte del comisario Javier Fuentes Feo.

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